jueves, 20 de abril de 2017

El mundo material

Me parece algo curioso y a la vez triste, esa extraña idea que parece prevalecer en el ser humano, incluso dentro de los diferentes caminos religiosos, y que considera el mundo material como un mal en sí mismo, o incluso como un error del Hacedor, teniéndolo como algo imperfecto o incluso pecaminoso.

¿Por qué ese empeño tan grande por menospreciar el mundo en el que vivimos? Si uno cree en un Dios Creador, no parece lógico pensar que su creación sea mala en sí misma; y si no se cree en Él, tampoco encuentro razones para aborrecer la existencia, pues lo que suele aborrecerse es lo que la impide.

Pienso que uno de los primeros pasos a dar sería el valorar el mundo en el que vivimos con su realidad material; valorarlo y agradecerlo, así como disfrutarlo, en vez de emplear nuestra imaginación en variedades diversas de sacrificios que terminan por dañarnos tanto física como mentalmente. Y ese disfrutarlo implica cuidarlo, no sencillamente abusar de él sin medida, sino teniendo en cuenta todas las implicaciones y relaciones que pueden mejorar o entorpecer dicho disfrute.

Y partiendo de esa valía real que le otorgamos a lo concreto y material, entonces también podemos valorar, agradecer y vivir esa otra realidad más sutil pero igualmente presente como es la realidad espiritual.

Estaría bien que dejáramos de luchar contra el mundo en el que se nos alojó, y empezar a considerarlo como un valiosísimo regalo que está a nuestra disposición para ir descubriéndolo día a día.

A lo mejor estas palabras nos podrían hacer entender un poquito mejor la situación tan contradictoria que solemos alimentar. Aquí quedan para nuestra reflexión:

"El problema surge de que creéis que existe el BIEN y el MAL. Pero lo cierto es que sólo existe el BIEN.
Lo que llamáis MAL no es más que BIEN en EVOLUCIÓN. Una vez transformado por la vía de la evolución y el aprendizaje, se convertirá en SUMO BIEN.
No hay dos  principios. No hay dualidad. Hay un ÚNICO PRINCIPIO EN DESARROLLO Y TRANSFORMACIÓN."


domingo, 16 de abril de 2017

¡Feliz Domingo de Resurrección!











Doreen Virtue en esta ocasión confiesa su admiración por Jesús, y nos ofrece estas cartas tituladas Mensajes de Amor de Jesús, con textos de los cuatro evangelistas, ilustradas con las hermosas obras de Greg Olsen.








jueves, 6 de abril de 2017

En torno a Jesús

Sobre Jesús se ha escrito y se ha discutido muchísimo a lo largo de los siglos. Incluso se ha pretendido que tal figura ni siquiera existió y que se trata tan sólo de una leyenda; aunque los historiadores más prestigiosos -como puede ser Antonio Piñero, quien a sí mismo se declara no creyente y agnóstico- coinciden en admitir como más fiable su existencia que su inexistencia.

Aunque no soy ni historiadora ni teóloga, me voy a permitir  reseñar aquello que yo pienso de la figura de Jesús; o por lo menos, algo de lo que yo pienso y siento sobre ella.

En primer, lugar para mí Jesús ha sido un referente al que he acudido en múltiples ocasiones. Francamente, es alguien que siento muy cercano; con el que puedo dialogar sin miedo, con quien he aprendido el don de la sinceridad porque sé que siempre se muestra comprensivo. A veces lo percibo como amigo, otras como hermano y otras, incluso, como padre, y siempre como maestro. Sé, porque ése ha sido su mensaje, que el Padre es el Hacedor de todos, pero a Él también me dirijo desde la disposición de hija.

¿Cuál ha sido el mensaje de Jesús? Sin duda el del Amor. El amor conduce a la compasión, y también a la clarificación aunque duela, pero no al castigo. Jesús no calló sus ideas aunque en determinados momentos resultaran duras; pero estoy absolutamente convencida de que siempre amó. Que recriminara a muchos, no quiere decir, en absoluto, que no los amara. No puedo percibir nunca ira en los ojos de Jesús, sino una enorme e infinita dosis de amor y, por tanto, de comprensión.

¿Para qué vino Jesús a la Tierra? Yo creo que para muchas cosas, pero todas con un mismo fundamento: el Amor. En los Evangelios parece claro que Jesús vino a revelar la existencia real del Padre Creador, y a hacernos comprender Su amor y la relación que siempre podemos entablar con Él. Y ese mensaje es la Buena Nueva; no una de castigos sino de crecimiento, de toma de conciencia para la mejora, de confianza plena en el Padre y en el poder del Amor. Pero, claro, algo tan sencillo para la mente humana nos cuesta inmensamente admitirla como verdad indiscutible y es  entonces cuando nos buscamos múltiples excusas para no aceptar ese amor, porque una de las luchas del ser humano a lo largo de la historia ha sido precisamente ésa, la incapacidad de admitir que somos Amor. ¿Llegará pronto el día en que consigamos admitirlo? ¡Así sea!