miércoles, 30 de marzo de 2016

Tres generaciones... y pocos resultados prácticos!

Hace unos días asistí como testigo, o más bien debería decir víctima en un cierto modo, a una situación que me gustaría comentar aquí porque puede que mueva a más de uno a la reflexión; y a mí, además de a lo mismo, a una especie de desahogo. Paso a contarlo.

Entré en una cafetería acompañada de mi marido y de mi madre, esperando pasar un rato agradable. En una mesa cercana, se reunían lo que podríamos considerar un grupo compuesto por unas diez personas en las que estaban representadas tres generaciones. La más longeva (vamos a llamarla la de los abuelos por lo que esta historia cuenta) estaría alrededor de los sesenta años y constituía la mayoría del grupo (en edad y en número); la intermedia era la compuesta por los padres y madres (no se me vayan o ofender los grupos feministas), que estarían entre los 30 o 40 como máximo; y por último la más joven, representada por una única niña de unos 3 años. Curiosamente, el grupo más minoritario (la niña) era la que más espacio auditivo ocupaba, y paso a explicarlo.

Cuando estábamos allí todos alegremente reunidos, la niña, por alguna razón que quizá ella y alguien más conozca, comenzó a llorar de forma claramente audible y sumamente molesta. No, no creáis que soy una persona a quien no le gustan los niños; nada más lejos de la realidad; por el contrario, me gustan y les he dedicado mucho tiempo y amor; y quizá por eso mismo me permito hacer esta reflexión. En muchas ocasiones los niños lloran pues es su medio de expresión cuando no pueden exponer con claridad lo que les ocurre y bien las emociones, bien el dolor es lo que les lleva al llanto. Sé de sobra lo que es un niño llorando y soy muy comprensiva con ello. Otra cosa es el llanto que surge como "rabieta" clara y desmedida; ese tipo de llanto se nota con mucha facilidad, pero los niños hacen uso de él como arma manipuladora para conseguir aquello que desean; y yo creo que en este caso, la niña lo que demandaba de forma ostensible era que se le prestara atención.

Ante mi sorpresa, comprobé que ningún miembro del grupo hacía el más mínimo caso del llanto de la niña; con lo cual la pequeña, que pese a su corta edad no parece que fuera nada tonta, redobló sus esfuerzos por captar la atención. La conversación que manteníamos los que allí estábamos era bastante difícil, pues los gritos de la nena hacían imposible cualquier comunicación excepto la de dirigir nuestras miradas y oídos hacia ella. El caso es que a pesar de eso, la mesa provocadora del alboroto parecía poder mantener su reunión como si nada pasara, e incluso algo peor, parecían enorgullecerse de la tenacidad de la pequeña y aulladora niña. 

Mis ojos empezaron a mostrar mi enfado. Creo que empezaron a salir chispas por ellos. Sin embargo, lo único que vi en aquellas personas fue sonrisas complacientes que venían a decir: "Ay, qué niña más mona y simpática, ¿verdad?" Y el caso es que yo no podía estar de acuerdo con aquella valoración. Mis chispas aumentaron su brillo cuando vi a la que parecía ser su madre dirigiéndose a alguien que por fin intentaba algo al respecto y diciendo a la vez que miraba al vacío: "Dejadla, no  le hagáis caso." ¿Os imaginaís que pasó? Pues sí, la niña redobló aún más sus esfuerzos por llamar la atención.

Ante aquella situación realmente desagradable, por fin la que parecía su abuela, la tomó en brazos, con esa sonrisa complaciente que venía a decir: "¡Qué linda que es mi niña!" Y se acercó a nuestra mesa mostrando orgullosa al origen de todo aquel revuelo. Y allí, puesta justo en nuestra mesa, soltó esta bonita frase al tiempo que sonreía de manera complaciente a la pequeña: "Es que va a ser cantante".

Aquello fue demasiado para mí. Mis ojos ya lanzaban rayos que la niña supo distinguir muy bien puesto que calló de inmediato, y hasta diría que las lagrimas que aún corrían por sus mejillas se secaron al instante probablemente por causa del fuego que yo irradiaba. Mirando a la abuela y a la niña, les dije que aquellas no eran formas de comportarse. Entonces la abuela empezó a dar pasitos para atrás y manteniendo, eso sí, su mueca de sonrisa, dijo: "Es que hoy en día los niños son así". Y ahí, sí que ya no pude más y fijando la mirada en ella le aclaré: "¡Y así nos va, señora! ¡Así va el mundo como va, si nos empeñamos en no educar a nuestros niños y reírle las gracias!"

Quiero dejar claras las cosas. Muchas veces los niños necesitan ser atendidos y otras necesitan y deben de ser corregidos e instruidos. Creo que cuando un niño llora, hay que averiguar el motivo. Si ya sabemos de las artes que utiliza el chiquitín, debemos enseñarle a no hacerlo y no caer en los dos errores tan comunes que se dan hoy en día: el de los que se enorgullecen de la supuesta bravura y tenacidad de sus pequeños, así como la dejadez de los que sencillamente se limitan a mostrar indiferencia. Creo yo, que entre esos dos pasos tan cómodos, existe uno que demanda esfuerzo y tiempo; ese paso se llama: educar. ¿Qué estamos creando para el futuro? ¿Psicópatas manipuladores o seres humanos respetuosos y creativos?

La educación exige esfuerzo y un grado de autoridad, que nada tiene que ver con el autoritarismo. Pero hay que enseñar y aprender que los límites existen para todos... ¡también para los niños!

domingo, 20 de marzo de 2016

A modo de Inspiración en la Semana Santa



"Venid a Mí, todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré"
(Mt, 11, 28)

"¿Quién dice la gente que soy yo?"
(Mc, 8, 27)

"Y vosotros, ¿quién decís que soy Yo?"
(Mc, 8, 29)




* La imagen es de Greg Olson, a mi modo de ver un excelente pintor.






martes, 15 de marzo de 2016

Información y Comunicación

Cuando estudiaba Teoría de la Información me explicaron con claridad los elementos básicos para poder hacer pública una información. Eran los siguientes.

 Un emisor que lanza un mensaje a un receptor

Simplificando, podemos decir que en este artículo yo sería la emisora, el mensaje sería el artículo en sí, y el receptor aquel que lo lea.

Por supuesto estos tres elementos necesitan además un código que tanto emisor como receptor comprendan; esto sería fundamentalmente un lenguaje conocido por ambas partes. 

Además, si queremos ampliar, para enviar un mensaje también es necesario un canal que nos permita dicho envío y recepción. Este canal puede ser el aire, un ordenador, un teléfono, un papel, etc., etc.

Hasta ahí todo parece fácil de entender y de practicar. Pero ¿qué ocurre cuando además de lanzar una información deseamos establecer una comunicación?

Si en el esquema básico anterior colocamos una flecha que va del emisor al mensaje y del mensaje al receptor, tenemos una información unidireccional. Pero ¿qué sucede cuando el receptor a su vez decide contestar con un mensaje al emisor primario? Está claro que el receptor pasa a ser emisor, y el emisor se convierte en receptor. Y es ahí cuando se establece la verdadera comunicación.


Ese constante flujo de información de un lado al otro, con el consiguiente cambio de papeles entre emisor y receptor recibe el nombre de feedback, o lo que es lo mismo retroalimentación. ¿Qué significa esto? Pues básicamente que una información recibida, compartida y respondida añade una riqueza porque nos alimenta a todos, aumentando así el conocimiento. 

Cada vez observo con más estupor que, aunque vivimos en la época de la comunicación, parece más bien emplearse la básica y pobre información. Mensajes recibidos vía móvil, especialmente, suelen no ser contestados; correos electrónicos corren la misma suerte. Diríase que los emisores sólo quieren escucharse a sí mismos pero no establecer comunicación, y eso a mí personalmente me apena. ¿Es que nadie está dispuesto a abrir los oídos a lo que el otro quiere decir, y luego utilizar la palabra para contestar? ¡Pues parece que no!

Es una gran paradoja que cuantos más medios tenemos para establecer comunicación, los empobrezcamos llevando a cabo una mera información, sin que nos importe nada si el mensaje llega o no al destinatario, y mucho menos, si éste tiene algo que decir por su parte. ¿Tendrá esto algo que ver con la falta de un valor cada vez más escaso como es el interés por los demás y el consiguiente respeto?

jueves, 10 de marzo de 2016

A modo de inspiración (5)






La vida no sólo es el amor que recibes sino... 
y sobre todo....
EL AMOR QUE DAS



http://2.bp.blogspot.com/-VR7NWycRWks/VrHjrIs6f5I/AAAAAAAADUE/G_PxDJAhcZ4/s1600/lenormand.jpg



La imagen procede del Tarot Lenormand 



sábado, 5 de marzo de 2016

Los tres amores

El amor es sin duda alguna el fundamento de nuestra existencia. Procedemos del amor y somos amor en esencia. Otra cosa es lo mucho que a veces parece costarnos aceptar esta realidad, pero lo que todos buscamos a lo largo de la vida por caminos diferentes es algo que tenemos dentro de nuestro ADN: el amor. 

También parece claro que en un mundo como el nuestro tan sumamente diversificado y lleno de matices, el amor no puede escaparse de los mismos y nos dice que tiene muchas ramas que mostrar. Como a los estudiosos, además, parece encantarles producir múltiples clasificaciones, con un sentimiento tan poderoso como el amor no han dudado en realizar también este cometido, y así han considerado tres niveles de amor que merecen ser tenidos  muy en cuenta. El mismo Paulo Coelho en su libro El Peregrino de Compostela nos aclara de una manera muy bella y extensa en qué consiste cada uno de estos niveles. Claro que Paulo Coelho no es el único, pues como digo es una idea que viene de muchos estudiosos y que actualmente la podemos encontrar recogida en este fascinante autor o on otros como por ejemplo Neale Donald Walsch en sus libros Conversaciones con Dios, David Pawson en su libro Abramos la Biblia.

El Beso, de Rodin
En un primer nivel se sitúa Eros. Supongo que a ninguno se nos escapa de qué estamos hablando. Sí, claro, del amor pasional, del amor romántico, del amor que se ofrece y se recibe en una pareja. Un amor que tiene en cuenta el espíritu y la química. Por eso sin duda saltan chispas cuando conocemos a nuestra pareja. A mí, incluso, me gusta decir que más que conocer a nuestra pareja parece que la "reconocemos". Es como si antes de aterrizar en nuestro planeta se nos hubiera dejado bien claro quién iba a ser nuestra más íntima compañía, y una vez aquí, de repente, algo en nuestro interior se despierta y reacciona moviéndose hacia aquella persona que intuíamos nos estaba destinada. 


En el segundo nivel tenemos a Philos (Filos). Philos representa la amistad, la camaradería. Una unión en la que la química no tiene por que darse pero sí una fusión de metas e intereses,  y por supuesto un sentimiento común de cariño. Disfrrutamos juntos, nos cuidamos y compartimos intereses, nos mostramos el cariño que nos sostiene y nos nutre; nos enriqucemos con la compañía de nuestros grandes amigos. La vida parece adquirir un hermoso brillo cuando compartimos la amistad; cuando, en definitiva, vivimos Philos.

La danza, obra de Matisse
Y en el tercer nivel nos encontramos con Ágape. ¿Qué es Ágape? El amor total, el amor divino, el amor que nos hace bello el mundo entero. Quien vive Ágape, no se pregunta por qué o para qué ama, sencillamente se envuelve de un sentimiento de profundo agradecimiento a la vida, de un amor tan completo que ni el más mínimo de los seres pasa despercibido por quien vive y experimenta el Amor Total, el amor que -como dice Paulo Coelho- devora. Es tan fuerte, es tan brillante, es tan unificado que todo lo abarca. Es puro y absolutamente Amor; ya no se vive ni siquiera en el tiempo sino en la pura presencia. Se vive con intensidad, se vive con agradecimiento y bondad, se vive con una total unidad... Es el amor que nos permite el éxtasis.. Es el amor que nos dirige hacia nuestro Creador. En definitiva es pura y llanamente AMOR.

Bien, pues ahí tenéis esa clasificación de los tres amores; pero, ahora, aquí, entre nosotros, yo creo que lo verdaderamente importante, antes que cualquier clasificación que a la larga podría dividir más que unir, es la vivencia del AMOR, pues aunque ésta se pueda experimentar de múltiples maneras gracias a la riqueza que proporciona, su esencia es única y ésa es nuestra garantía de vivirlo en plenitud.