jueves, 22 de junio de 2017

A modo de inspiración - Aforismo de Confucio



“Me lo contaron y lo olvidé.
Lo vi y lo entendí.
Lo hice y lo aprendí.”

CONFUCIO




 


La imagen pertenece a la colección de cartas 
de  Doreen Virtue, El propósito de la Vida







 

jueves, 15 de junio de 2017

¡Ser yo!

Qué curioso resulta el hecho de que precisamente aquello que debería ser lo más fácil se convierta en lo más difícil: ¡ser uno mismo! Puede que esa sea una de las tareas de la vida, aprender a descubrir y desarrollar quiénes somos realmente.

Cuando era pequeña, en el colegio nos hicieron unos tests que según nos dijeron estaban diseñados para determinar nuestras capacidades lingüísticas y matemáticas. Yo tendría unos diez o doce años, y mi sueño era ser escritora; de hecho, no se me daba nada mal crear y contar historias ya fuera de forma escrita como hablada. En lo que respecta a las matemáticas, la cosa era bastante diferente; asumía que no se me daban bien en absoluto. Por tanto, no me pareció extraño que mis resultados en el test de capacidad matemática para el futuro viniera a certificar lo que yo creía ya saber de antemano; pero para lo que no estaba en absoluto preparada era para que más o menos obtuviera el mismo resultado en el test sobre la capacidad lingüística. ¿Que yo no sabía hacer buen uso del lenguaje? ¡Pero cómo podían decirme eso a mi, lectora y escritora empedernida!

Aquello fue todo un mazazo a mi autoestima. No parecia levantar cabeza. Mis sueños se habían venido abajo de una manera total. Según aquellos tests no tenía ningún futuro ni en las ciencias ni en las letras. Menos mal que una profesora vino en mi ayuda al decir que desgraciadamente los tests partían de un error previo, ya que no se podía medir la capacidad de una persona valorando tan solo los conocimientos sobre un tema. Según ella, el test estaba muy mal enfocado pues medía claramente los conocimientos de la persona adquiridos hasta ese momento, pero no conseguía analizar la capacidad de la persona para desarrollarlos en el futuro.

Sus explicaciones me lavantaron la moral y me hiceron pensar. Realmente más que un test para poder conocer nuestras capacidades y poder seleccionar de alguna manera nuestra tarea futura, lo único que hacían era lo mismo que cualquier examen: valorar los conocimientos del momento; y claro, teniendo en cuenta mi juventud,  no resulta difícil darse cuenta de que esos conocimientos eran por fuerza bastante limitados.

En realidad, muchas veces dejamos que sean los demás a través de herramientas consideradas científicas, a través de observaciones más o menos sesgadas, los que nos digan quiénes somos y para qué valemos, pero ¿y cada uno de nosotros? ¿Es que no sabemos quiénes somos ni estamos dispuestos a descubrirlo mirándonos de forma objetiva y subjetiva? ¿Preferimos dejar que esta tarea la realicen los demás? 

Es cierto que otros pueden ver y descubrir en nosotros algo para lo que estamos ciegos; pero si bien esa ayuda nos puede venir extraordinariamente bien, parece claro que uno mismo no debe dejarse encasillar por interpretaciones erróneas sobre nuestras capacidades. Me viene a la  memoria la historia de un jugador de baloncesto, el pivot más bajito de la historia, que se empeñó contra viento y marea en serlo a pesar de todas las indicaciones en su contra... ¡y lo consiguió!

Verdaderamente creo que son muchos los medios para conocernos, y entre esos medios están personas perspicaces que observan en nosotros características que ni siquiera habíamos tenido en cuenta; esas personas constituyen una grandísima ayuda. Sin embargo, también debemos considerar que los demás no tienen nuestro mapa mental y que somos cada uno de nosotros quien debe de estar dispuesto a emprender el trabajo de conocerse y estar dispuesto a desarrollarse. Probablemente, éste sea un trabajo que dura toda la vida porque siempre habrá algo que se nos escape de nosotros mismos, pero como siempre digo la tarea bien merece la pena.
 
   

jueves, 8 de junio de 2017

A modo de inspiración - La abeja




Como la abeja, puedes conseguir un dulce y agradable resultado..., 
pero no olvides que para ello debes obrar con diligencia y esfuerzo.







La imagen pertenece a la colección de cartas  
La Sabiduría de Avalon, de Colette Baron-Reid






jueves, 1 de junio de 2017

¿Reencarnación?

El tema de la reencarnación me lleva fascinando desde hace bastante tiempo, pero ¿existe realmente la reencarnación? Hasta ahora no parece que se hayan encontrado suficientes pruebas ni para aseverar su existencia ni para negarla. Desde los años setenta hasta bien entrado el siglo XXI, Ian Stevenson, un bioquímico, médico y profesor universitario, se dedicó a estudiar este tema y buscó pruebas científicas que avalaran la certificación o no de la verdad en este asunto. Consideró que sería más objetivo este estudio si lo enfocaba fundamentalmente sobre niños en lugar de adultos, pues creyó que éstos podrían ser más objetivos en el relato de sus vivencias al no estar totalmente imbuidos de la cultura en la que vivieran, con los prejuicios y creencias que cada sociedad enseña a los suyos.

Intentó ser lo más objetivo posible, y tuvo que vivir el descrédito en el que muchos de sus colegas lo colocaron al burlarse de unas investigaciones que consideraban absurdas. Sin embargo, a Ian Stevenson no me parece nada absurdo, sino más bien todo lo contrario. Partía de una base que comparto y es que resulta sumamente difícil, por no decir imposible, reproducir experiencias llamadas parapsicologicas -término con el que no estaba en absoluto de acuerdo- en un laboratorio, pues suelen tratarse de experiencias espontáneas y por tanto muy difíciles de comtrolar.

Ian Stevenson publicó diversos libros sobre sus estudios. En ellos aclara  muchos conceptos y deja vía libre a la especulación. ¿Existe la reencarnación? ¿Una persona puede vivir varias vidas en diferentes cuerpos? ¿Podría tratarse de simple imaginación fomentada por el deseo de que esto sea así? ¿Podría tratarse de una memoria genética que se transmite de unos humanos a otros? La duda ahí queda, pero el estudio bien merece la pena.

Ciertas culturas han promovido esta creencia, mientras que otras la han desechado de manera drástica, alegando que podría influir de manera muy negativa en la ética de la sociedad. ¿Cómo? Los detractores de esta visión nos vienen a decir que si alguien cree que puede vivir más de una vida, podría dedicarse a delinquir pues ya resolvería la situación en otra de sus reencarnaciones. Sin embargo, yo veo las cosas de otra manera. Creo que tener presente la posibilidad de la reencanación elimina mucha ansiedad además de aportar gran conocimiento. 

Cómo se elimiina la ansiedad resulta claro; uno no se obsesiona con lo que le falta o con lo que le sobra, pues puede tranquilizarse al ver que aquel objeto de su obsesión actual bien pudo ya experimentarlo en otro contexto, o lo disfrutará en el futuro.

Y como enseñanza, pensar en la reencarnación puede aportar una profundización que nos puede ayudar en nuestra vida. Yo siempre digo que cuando una persona cree haber sido otra en una vida anterior debería más que fijarse en la veracidad o no de esa sospecha, en lo que puede aprender de los logros y fracasos de quien asegura haber sido.

Pero hay un punto muy relevante sobre el que se debería  reflexionar y es que, anque exista la reencarnación, la persona que uno es en el momento presente es irreptible. Puede que vuelva a nacer como ser humano, pero no como la persona que ahora es. Por supuesto que puede repetir un cierto fondo, unos ciertos rasgos psicológicos así como físicos e incluso ciertas tendencias, pero cada reencarnación supone un ser irrepetible. Y eso, a mí me parece que es algo muy pero que muy importante y que nunca debemos olvidar para que nos dediquemos a desarrollar la vida presente y conseguir la mejor versión de lo que uno es en ella. No desaprovechar la oportunidad que nos ofrece cada vida podría constituir una gran lección para convertirnos en maestros de la misma y quizá lograr incluso componer un gran tapete de todas las vidas.



*  La  imagen pertenece a El Oráculo de los Ángeles de Mario Duguay