jueves, 23 de marzo de 2017

Constructores de puentes





 


Que tú tiendas puentes no significa necesariamente que debas cruzarlo. 

También los demás pueden iniciar el movimiento hacia tu encuentro.

Espera pacientemente y muéstrate receptivo.




jueves, 16 de marzo de 2017

El Árbol Torcido

Me gustaría compartir hoy una vez más un relato que escribí hace tiempo y que ya publiqué en algún que otro blog. Espero que os guste y os dé algo en lo que pensar, una de las funciones que a mi juicio tienen los cuentos.


La noche había sido muy dura. El viento se había desatado y parecía querer llevarse todo lo que encontrara a su paso. Su fortaleza arrolladora pudo con la de un árbol de los muchos que había en el parque. El árbol intentó resistirse, pero, cuando llegó la mañana, comprobó los efectos del viento; su cuerpo había quedado inclinado, ya no era el erguido árbol de días anteriores; ahora, parte de sus ramas casi rozaban el suelo, mientras que las demás quedaban en lo alto.


Para el árbol, la comprobación de su nuevo estado le supuso una gran tristeza. Ya nadie se resguardaría del sol bajo sus ramas. ¿Quién iba a ser tan loco como para sentarse bajo un árbol tan poco apetecible?

Todos sus compañeros lo compadecían. A todos ellos les hubiera gustado ofrecerle algún tipo de consuelo, pero no encontraban las palabras adecuadas; lo mejor era dejar pasar el tiempo y que el árbol herido se fuera acostumbrando a su nuevo aspecto.

Cuando llegaron al parque los visitantes más madrugadores y comprobaron por sí mismos los efectos del viento, hubo muy diversas reacciones. Algunos se llenaron de miedo pensando en el peligro que suponía un árbol caído, pero esta actitud era bastante irracional, pues lo ocurrido ya había pasado y no valía la pena crear accidentes imaginarios. De todas formas, no estaban satisfechos, pues aquel árbol que había quedado torcido podía constituir un peligro par
a los niños, ¿y si terminaba por doblarse completamente?

Los más optimistas veían un espectáculo curioso; comprobaron el estado del árbol y vieron que sus raíces estaban bien sujetas al suelo por lo que consideraron injustificados los recelos de aquellos otros alarmistas.

Para los niños, la nueva situación fue causa de una gran alegría. Aquél se había convertido en un árbol más accesible que los demás, por lo que lo integraron inmediatamente a sus juegos. Esto nunca había sucedido antes. Es verdad que muchos pequeñines posaban sus manitas en el tronco de los altos árboles, pero cuando intentaban alcanzar alguna rama, aun las más bajas, resbalaban sin conseguir su meta. Ahora todo había cambiado, y el árbol experimentó un gozo intenso al poder compartir la alegría de los niños.

Pasaron los días, y el árbol cada vez se acostumbraba más y más a su nuevo aspecto. Un día, un muchacho se sentó justo enfrente de él, sacó un cuaderno bastante grande, unos carboncillos, y comenzó a jugar con ellos encima del papel, mientras que, de cuando en cuando, echaba una ojeada al árbol torcido. Éste se preguntaba qué podría estar haciendo aquel joven. Pronto
obtuvo la respuesta. Los árboles que estaban situados a la espalda del nuevo personaje, contemplaron lo que hacía, y es que a cada mirada lanzada por el muchacho, un nuevo árbol torcido iba formándose en el papel. Para el árbol, aquello constituía toda una novedad; ¡alguien estaba haciéndole un retrato!

Pronto ya no sólo había un muchacho frente a él, sino todo un conjunto de ellos. Todos pertenecían a un colegio cercano al parque, y lo que intentaban era reproducir en sus cuadernos la imagen del árbol, cosa que conseguían con una mejor o peor fortuna.
 


Con el tiempo, se fue convirtiendo en algo habitual referirse al árbol. Cuando dos amigos quedaban para verse a una determinada hora, se hacía muy fácil localizar un lugar de reunión.

- “Bien, entonces quedamos esta tarde a las seis; ¿te parece?”

- “De acuerdo, pero ¿dónde? El parque es muy grande.”

- “Podemos encontrarnos junto al árbol torcido.” Y con esas palabras, el encuentro se facilitaba. 

Desde el día del vendaval, muchas cosas habían cambiado; el árbol había dejado de ser alguien anónimo, ahora tenía un nombre que lo diferenciaba. Si en un principio tanto él como sus compañeros pensaron que todo había terminado para el pobre arbolito, pronto pudieron comprobar su tremendo error, y durante muchos, muchos años, el árbol torcido fue referencia obligada para todos los visitantes del parque.


jueves, 9 de marzo de 2017

A modo de inspiración - Victoria




No veas las dificultades como impedimentos, 
sino como retos para alcanzar la VICTORIA.










 Carta extraída del Tarot Dorado de Botticelli











jueves, 2 de marzo de 2017

La oración del soldado desconocido

En el libro  “Espiritualidad emocionalmente sana – Día a Dia”, su autor, Peter Scazzero, ofrece una oración escrita por un soldado confederado, que he podido comprobar se puede encontrar en muchos lugares de internet. Así que está claro que del mismo modo que me ha impresionado a mí, lo ha hecho a muchísimas personas más que decidieron dedicarle diversos huecos en diferentes páginas. Aquí os la dejo para que podáis meditar sobre ella, pues me ha resultado muy enriquecedora y deseo commpartirla.





Le pedí fortaleza a Dios para tener éxito,
y él me hizo débil para que aprendiera a obedecer.

Le pedí salud para poder hacer grandes cosas,
y me dio enfermedad para que hiciera cosas mejores.

Le pedí riquezas para poder ser feliz,
y me dio pobreza para que pudiera ser sabio.

Le pedí poder cuando era joven, para recibir los elogios de los hombres,
y me dio debilidad para que sintiera que lo necesitaba a Él.

Le pedí todas las cosas para que me permitiera disfrutar la vida,
y me dio vida para que pudiera disfrutar todas las cosas.

Casi a pesar de mí mismo, respondió mi muda oración.

De entre todos los seres humanos,
soy el más ricamente bendecido.




jueves, 23 de febrero de 2017

A modo de inspiración - Amor





"El amor es la única fortuna que crece al gastarla."











La imagen y el texto pertenece a El Oráculo de las Hadas,
  de Sulamith Wülfing








jueves, 16 de febrero de 2017

Unamuno y la fe

Fue en mis tiempos de universidad cuando una figura tomó importancia para mí por lo que representaba la hondura de su pensamiento, se trata de don  Miguel de Unamuno. Dos personas fueron claves en despertar mi curiosidad por este pensador y escritor que viviera entre el siglo XIX y el XX, y que tanto significó en nuestra convulsa España. Estas dos personas fueron mi padre y mi profesora de Literatura. 

Hoy en día, como se hace con muchas figuras de renombre, se la suele utilizar en política para adscribirlo al partido de cada uno, pero lo cierto es que Unamuno fue una persona tan comprometida con la honestidad de su pensamiento y la ética de su vida, que, aunque se moviera entre los dos flancos políticos que se convertirían en adversarios en la Guerra Civil, terminó desilusiondo con ambos ya que comprendió que, desgraciadamente, el ser humano conseguía corromper incluso las ideas más nobles para convertirlas en luchas de poder y odio que sólo podían conducir a lo que desgraciadamente consiguieron. Él mismo dijo estas palabras: "No soy fascista ni bolchevique; soy un solitario". Y si pudiera quedar alguna duda, lo dejó más claro en esta otra frase: "Ni lo uno, ni lo otro, que en el fondo son lo mismo".

Don Miguel de Unamuno, tan afin a dar un buen uso a la razón, no podía ni comprender ni colaborar con la sinrazón de quienes hacían mal uso de la misma, y no sólo de ese ejercicio de la mente, sino también del uso  de algo más abstracto pero no por ello inexistente como es el espíritu.

Unamuno representa para mí esa búsqueda constante del Creador, del sentido de la vida preguntándose por la trascendencia de la misma. Vivió ese periodo que suele definirse en filosofía como "angustia existencial", y no sintió la más mínima vergüenza al gritar esa búsqueda con total falta de decoro, como él mismo afima, en vez de esconderla o comentarla entre líneas. No, don Miguel era muy claro cuando hablaba o escribía. 

Muchas veces fue interpelado sobre sus creencias religiosas, preguntas a las que no ofrecía una contestación sencilla, sino que obligaba a que quien así le interpelaba se hiciera la pregunta a sí mismo pues le parecía que muchos lo que buscaban era la solución fácil de pedirle a otro la clave del enigma que le acompañó toda su vida. Porque don Miguel, sin ocultar nunca la profundidad de su búsqueda, se contentaba con sugerir a quien quisiera escucharle, pero no darle soluciones únicas, acusando de pereza a quienes se conformaban con las que otros ofrecían en vez de realizar el esfuerzo y el riesgo de la propia búsqueda.

Parece que un gran escollo en sus creencias podría ser la duda sobre la inmortalidad. En su novela San Miguel Bueno Martir nos habla de un sacerdote que consigue conducir a la fe a todos sus parroquianos, pero que él mismo duda sobre la existencia de la vida eterna.

Pero entonces, ¿creía Unamuno en los fundamentos de la religión en la que se había educado? Me parece estar viendo la cara de mi padre, dándome una respuesta sin darla a este tema, cuando me decía: "no hay más que leer el poema al  Cristo de Velázquez para verlo". Y es que Unamuno, como yo y como mi padre por lo que puedo entender, tenemos "una fuerte tendencia al cristianismo". Estas palabras entrecomilladas pertenecen a don Miguel. Sí, una fuerte tendencia al cristianismo pero no necesariamente al dogmatismo.
 
Unamuno era un buscador que daba una enorme importancia a lo que él quiso creer, y subraya muchas veces ese acto voluntario de elegir querer creer, ya que en este asunto la voluntad de  uno también tiene mucho que decir pues, como él mismo señalaba, no encontraba razones lógicas ni para creer en la existencia de Dios ni encontraba tampoco razones lógicas para negarla, y por tanto optaba por el camino de la creencia. Eso sí, una figura le acompañaba en esa búsqueda del Dios Supremo, y esa figura era Cristo, representado en su dolor, en su aparente abandono del cielo y la tierra allí crucificado como tan impresionantemente lo muestra Velázquez en su famoso cuadro.

Me hubiera gustado terminar este artículo con unos versos de este poema escrito por Unamuno, pero no entiendo por qué circunstancia parece imposible que el sistema me permita hacerlo, así que os sugiero que si deseais leerlo lo hagáis en las páginas correspondientes pues yo no consigo salvar los obstáculos que me impiden ofreceros una pequeña muestra. Tanto el cuadro como el poema merecen la pena.